Ha pasado el tiempo, a una velocidad que asusta. Pero quizás, dándole la vuelta a todo pronóstico, compruebo que eso no es del todo malo. Que cuando te alejas, cuando las agujas del reloj te llevan a un plano totalmente diferente del que has vivido, te das cuenta de cómo son-eran, mejor dicho- las cosas por aquel entonces.
Entiendes, que aquello que te parecía un gesto bonito, una muestra de cariño que ganaba tu corazón latido a latido, no era más que una ruin estrategia de intentar subir una autoestima bastante devastada. Es normal que no entendáis lo que quiero decir. Pero ahora, es la una de la madrugada de un miércoles cualquiera, y en estos intentos míos de dormir, ha acabado viniéndome a la cabeza una escena. Era de mis favoritas, y ahora, después de tanto tiempo, he llegado a entenderla.
Sábado por la noche. Octubre de 2015. Una pareja descansa en la cama después de haberse fundido en besos, caricias, abrazos, y para qué ocultarlo, después de haber disfrutado plenamente el uno del otro. La chica descansa feliz, inocente, ingenua, ajena a cualquier sufrimiento, sobre el pecho del chico. Cierra los ojos, intenta imaginarse siendo más feliz, pero no puede. Él, la mira, sabe que ella le quiere, está convencido de que daría cualquier cosa por él y éste se lo pide, y no se equivoca.
Le rodea con sus brazos y le aprieta más y más fuerte. Ella, sonríe enamorada pensando que aquel abrazo, es un gesto de cariño y protección, o mejor dicho, de amor. Él, también sonríe, pero no es una sonrisa inocente y tampoco leal. Es una sonrisa de poder, un abrazo que más que proporcionar cariño, encierra.
Él no está bien, ha sufrido a lo largo de su vida, como ella, y eso él lo sabe. Pero no le importa realmente, no es momento para pensar en alguien más que no sea él mismo, o al menos con ella. No, sabe perfectamente que aquella chica más joven, castaña, con esos ojos que hacen perder la cordura, sabe que ella es suya. Y aunque no le quiere como tal, es reconfortante saber que dependen de ti.
Juegan a hacerse preguntas, las típicas preguntas que sólo contestarías en una situación tan íntima como esa. Ella, le pregunta en qué momento de su vida ha sido plenamente feliz. A él, se le pasa por la cabeza un momento clavado en su memoria, le mira serio. No, no aparece ella, aparece otra persona. La persona que de verdad sí quiere. Pero no es momento para hablar de eso, así que decide contestarle que justamente ese instante que están viviendo sería una buena elección, siempre que hubiera una piscina al final del día para poder relajarse. Ella da la respuesta por válida, no sabe que cuando alguien realmente te quiere, cuando realmente está enamorado, le sobra todo. Le sobra cualquier mierda de piscina después de una tarde así.
Él cambia la pregunta, es tan egocéntrico que realmente no le importa qué momento ha sido el más feliz en la vida de la chica-aunque seguramente, si se lo hubiera preguntado hubiera aparecido el rostro del chico en el recuerdo.- así que decide modificar la pregunta a: 'tu recuerdo más feliz conmigo'.
Soy consciente de que puede parecer un detalle increíblemente irrelevante, una tontería. Pero cuando has seguido leyendo todo lo que le ocurría a la pobre inocente, te das cuenta de que esos detalles, ese egoísmo que tenía, acabó por destruirle todo el amor propio.
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