Si el hecho de querer a una persona ya nos resulta complicado, la dificultad aumenta cuando no nos queremos a nosotros mismos. La típica frase que nos dicen una y otra vez: 'Si no te quieres tú, ¿Quién va a hacerlo?' quizás tenga más sentido de lo que creíamos.
No es que no seamos capaces de querer a otra persona no, porque eso lo hacemos con toda nuestra alma. El problema viene cuando no entendemos el por qué nos aprecian. Cuando a pesar de intentarlo con todas nuestras fuerzas, no nos entra en la cabeza como él o ella, siendo tan increíbles, se conforman con el cúmulo de desastres de los que estamos formados.
Es entonces, cuando se acercan a pasos agigantados, sigilosamente estruendosos, los celos. Cuando sabes que hay cientos, miles de personas capaces de superarte y hacer más feliz a aquel que estás haciendo desgraciado con esa desconfianza.
¿Tan difícil es aceptar que cuando una persona está con nosotros, es porque realmente le complementamos? ¿Tan poco respeto y cariño tenemos hacia nuestra persona que nos resulta imposible creer que podemos hacer feliz a alguien con apenas un gesto sincero? Ahora entiendo todo lo que me decían de más pequeña, cuando los complejos empezaban a asomarse. Ahora entiendo ese mar de confianza en el que intentaban ahogarme, y si lo sé no salgo a flote. Porque a veces, no hundirse termina por acabar llevándonos solos por la deriva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario